Educar a los hijos en el uso de los smartphones y las redes sociales

Con frecuencia imparto en colegios e institutos una sesión para padres sobre cómo pueden aprovechar las redes sociales, e internet y los smartphones en la educación de sus hijos. Es un tema apasionante sobre el que hay temores y recelos, dudas y discusiones. Durante 20 años he colaborado con asociaciones juveniles y profesionalmente me dedicó a la comunicación corporativa online, así que la mezcla me ha permitido observar la evolución y las incidencias de la irrupción de la tecnología en los adolescentes y hablarlo con muchos padres.

1. Empecemos por lo importante: soñar con el futuro de los hijos

Como el uso de la tecnología -y las virtudes y defectos, habilidades o apatías- nunca viene sola, estoy convencido de que los padres deben soñar mucho más con los hijos. Me refiero a que, desde pequeños, deben observarles para detectar qué cualidades y pasiones van a conformar la misión para la que han nacido sus hijos.

Me da pena escuchar a padres que miran fijamente la altura de los nuevos trampolines de la piscina y no advierten si la piscina tiene agua suficiente para amortiguar el salto de sus hijos. Creo que, en la medida en que se educa a los niños para que tengan criterio y desarrollen sus talentos, la altura del trampolín -el uso de la tecnología- solo hará que… el salto sea más bonito.

Al mismo tiempo, ha llegado el momento de dejar de obviar el potencial, positivo o negativo, de internet en la vida de los menores. YouTubers, Instagramers, etc., son los nuevos ídolos, además de que su grupo de amigos ha pasado de los seis-diez de tu época a los 200-700 seguidores de tus hijos en Instagram. ¿Eres de los que te preocupas por saber con quién sale el viernes y nunca has caído en la cuenta de que a diario “queda” con decenas de “amigos” de su red en Snaptchat, Instagram, YouTube, etc.?

¿Sabes qué les atrae de esas redes sociales o plataformas en las que pasan horas y horas? Creo que es bueno empezar por entenderles, meterse en su mundo, para apoyarnos en las cosas positivas y explicar de manera convincente lo que les puede obstaculizar un crecimiento sano. Básicamente les apasionan las redes sociales privadas donde compartir mensajes divertidos, efímeros, donde puedan ser creativos y contar sus historias multiformato (memes, vídeos etc.).

2. Tres cambios de Internet en los que puedes apoyarte

Internet ha traído infinidad de cambios en nuestras vidas. Pero hay tres transformaciones que me parecen muy relevantes para apoyarse en el proceso educativo con los hijos: el acceso a buenas fuentes de información les permite comprender el mundo mucho mejor que a generaciones anteriores; cuando crean o descubren algo bueno lo comparten (no se lo guardan egoístamente); y se respeta y admira a quienes tengan convicciones por lograr algo excelente de la forma que les parezca coherente y auténtico.

A veces los padres pretenden superar la distancia -abismo en algunos casos- tecnológica con la prohibición, que no funciona cuando es sistemática e irracional. Propongo que las familias se paren y decidan tres cosas: la actitud que van a tomar frente a la tecnología (smartphones, redes sociales, uso de la tecnología en la educación, el ocio y la información); qué normas de actuación van a adoptar en el espacio familiar y qué criterios educativos van a inculcar a los hijos, con el ejemplo y de palabra; y, por último, con que proyecto educativo (y el papel de la tecnología en él) se van a ilusionar.

3. Algunas dificultades del uso indiscriminado de la tecnología

Una primera dificultad estriba en el engorro que supone seguir los cambios, siempre más rápidos de lo que desearía cualquier padre. Nuevas redes, mejores terminales cada seis meses, videojuegos que quedan obsoletos en menos de un año, etc.

Pero la pregunta que nunca falla en las sesiones con padres es… ¿a qué edad le puedo dar el móvil (sin supervisión) a mi hijo? (lo respondo en este post). La preadolescencia se define en parte por la falta de autocontrol. No tienen experiencia del mundo ni tampoco se conocen bien. Muchos expertos se atreven a señalar los 16 años como la edad a la que pueden tener sin supervisión un smartphone con datos (3G/4G). Suelo proponer ir poco a poco: facilitarles un móvil sin datos cuando salen fuera de casa el fin de semana; que aprendan a usar el Ipad de sus padres para trabajos, utilizar con ellos los dispositivos de la casa, etc.

La privacidad -que no existe de forma absoluta, pero que es bueno que aprendan a gestionarla-, o la búsqueda de la satisfacción inmediata (observa el proceso por el que un chico o una chica sube una foto a Instagram, y cómo no despega los ojos de la pantalla hasta que supere un número de Favs). Y lo realmente importante es que sus hijos aprendan a utilizar bien el tiempo. Y lo harán cuando tengan un objetivo, un por qué y un para qué.

No hay que ser ingenuos: también existe un mundo oscuro en internet y en las redes sociales: el mobbing, el sexting, etc., se encuentran a una pulsación de sus dedos… Hay que hablar con ellos con normalidad sobre lo que pueden encontrarse por ahí, para que acudan a vosotros si les sucede algo. Pornografía, violencia, fobias y cualquier rareza tienen cancha amplia en la red, pero a mí me preocupa más otro asunto: en la preadolescencia los hijos se separan de sus padres para buscar su identidad. Y otorgan más credibilidad a sus amigos. Antes un preadolescente sabía que era gracioso (o listo, o atractivo), porque se lo decía su grupo de ocho o diez amigos. Hoy se lo dice su red en Instagram, que no bajará de 150 seguidores. Y eso les puede producir -según la autoestima y el carácter que tenga cada uno- cierta ansiedad e indefensión.

Pero estos problemas se vuelven preocupantes cuando los hijos no tienen aficiones e ilusiones y cuando se les da el smartphone, sin ningún control, a una edad en la que carecen de criterio y autodominio.

4. ¿Qué pueden hacer los padres ante la avalancha de smartphones, videojuegos y redes sociales?

Primero: a una pulsión no se le gana con razonamientos ni prohibiciones o amenazas. A una pulsión se le gana con otra pulsión. Así que los padres tienen que descubrir el “don” de su hijo y apoyarse en diferentes medios -también internet- para que lo desarrolle: aficiones, vetas intelectuales, deporte, solidaridad, proyectos profesionales, etc. Cuando a un adolescente le apasiona algo no pierde el tiempo con nada.

Segundo (para padres con hijos menores de 12 años): igual que hablas con los padres de tus amigos cuando van a salir el fin de semana, es necesario que habléis con los padres de los amigos de vuestros hijos sobre las pautas que vais a seguir con la adquisición de los móviles, tiempo y áreas de uso, etc. Cuando un grupo actúa con los mismos criterios no les afecta qué hace el resto de la clase.

Tercero: Hablar, hablar, hablar: y es difícil. Llegáis tarde a casa, cansados y los hijos no siempre os reciben en su mejor momento…, pero está en el contrato de padres y es apasionante. Ojalá los hijos os cuenten qué cosas han descubierto en internet al redactar un trabajo, o quieran compartir un vídeo divertido que les han mandado, o juguéis juntos con un videojuego. Y, todo lo anterior, conjugado con conversaciones sobre el mundo mientras subís un monte o vais en bici por el barrio.

En este marco educativo habrá momentos (el mundo no es bambi, como me decía un amigo) de castigos y de algunas discusiones, medidas disciplinares adecuadas a su edad, pero tendrán un objetivo: ayudar a tus hijos a que no pierdan el tiempo con tonterías y dediquen lo mejor de sí mismos a construir un proyecto personal que les haga felices. Nadie dice que ser buenos educadores sea sencillo, pero es el mejor trabajo del mundo.

PD: os dejo un documento con algunos blogs con consejos útiles y algunas lecturas seleccionadas.

Post actualizado el 23 de marzo de 2017

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